
Bueno, en las carreras no. En el VW Race Tour, que es algo así como una gira de Volkswagen en diferentes circuitos de automovilismo. Una pasada de experiencia, os cuento.
Hemos llegado a Montmeló bastante pronto, a eso de las 9 de la mañana, todavía medio dormidas. Pero vaya si nos hemos despertado. Concretamente nos ha despertado el piloto que nos ha metido en un Polo como el que le han regalado a Coco. “Os daré unas cuantas vueltas, primero más lento y luego más rápido”, ha dicho. Y 3, 2, 1… ¡Vamos que nos vamos!
Cuando ha dicho primero más lento y luego más rápido hemos pensado que primero iría poco a poco y luego aceleraría. Pero ni hablar. Primero ha ido muy rápido y luego, mucho más. Coger una curva a 180 (no lo intentéis en casa) es increíble. Te deja una sensación mezcla de adrenalina y mareo que engancha. Y tanto Coco como yo sólo podíamos decir una cosa: ¡Sigue, sigue, sigue!
Uhm, esto suena un poco raro si lo sacas de contexto. Pero en ese momento estábamos en un contexto adecuadísimo.
Volviendo al tema, el piloto ha seguido, pero luego ha parado y muy gentilmente ha cedido su asiento a Coco. Ha sido emocionante, pero de otra manera. A ver como digo esto: Coco, cariño, conduces muy bien, pero si de verdad hubiéramos ido a las carreras habrías quedado después del último clasificado. Aunque mejor no digo nada, yo ni siquiera tengo carnet.
La mañana ha continuado. A la siguiente prueba la llamaban “Aceleración”, aunque en el Cuore la llamarían “No me pises lo fregado”. Una especie de aspersores mojaban una zona del circuito y la dejaban cubierta de agua. Luego dos coches pisaban lo “fregado” y los pilotos, con nosotras dentro, pisaban a fondo el acelerador. El resultado es que un coche salía disparado, pegadito al suelo, mientras que el otro coche patinaba porque no se agarraba bien al asfalto mojado. El milagro lo hace algo en la tracción de los Volkswagen que en ese momento nos han contado y hemos simulado entender con un “ahá, sí”.
Tercera prueba: “Mickey Mouse”. En serio, se llama Mickey Mouse. El nombre le viene dado porque se tiene que superar un tramo con la silueta del ratón más famoso del mundo dibujada con conos. Y el reto era hacerlo lo más rápido posible pero sin tirar los conos.
¡Sin tirar los conos, Phillip!
Phillip, supongo que os lo estaréis preguntando, es un amigo que ha venido con nosotras y que ¡ha atropellado a Mickey! Después de su paso por el circuito los conos hacían la silueta del Coyote aplastado por un yunque. Cielo santo, pero si incluso han tenido que pararle porque llevaba un cono enganchado en los bajos del coche. Y lo fuerte es que a mi no me dan el carnet pero a ¡él sí!
Nos los estábamos pasando bien, pero todo lo bueno se acaba. La última prueba ha sido fuera del circuito, en una zona de montaña con un Touareg. No con una persona envuelta en sábanas azules, sino con un 4×4 impresionante. Pero impresionante de verdad. Nos han puesto en una rampa vertical de barro, muy vertical y resbaladiza, y ¡tachán! El cuarto piloto del día ha soltado el volante, los pedales y, casi, casi, se baja. Lo impresionante ha sido que el coche no se ha movido ni un milímetro. Cuál Spiderman pegado a la fachada del Empire State, el Touareg se ha quedado pegado a la rampa gracias a una cosa de su cambio de marchas y su tracción, mecanismos tan súper-heroicos que vencen a la fuerza de la gravedad (otra vez hemos dicho, “ahá, sí”, cuando nos lo han explicado).
Y ahá, sí, así hemos pasado la mañana. Rodeadas de motores potentes, tracciones inteligentes, cambios con superpoderes y pilotos simpatiquísimos con los que te sientes súper-segura en el coche. Incluída tú, Coco, la veloz.